Un avance necesario, pero insuficiente

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Un avance necesario, pero insuficiente. La lucha por la reducción de la jornada laboral es, sin duda, una batalla justa y necesaria.

La lucha por la reducción de la jornada laboral es, sin duda, una batalla justa y necesaria. Sin embargo, no debemos perder de vista que este avance es solo un eslabón en una cadena de explotación que el sistema capitalista nos impone. Mientras la oligarquía financiera sigue acumulando riquezas obscenas, la clase trabajadora sigue luchando por migajas.

El Consejo de Ministros ha aprobado un anteproyecto para reducir la jornada laboral máxima de 40 a 37,5 horas semanales sin recortes salariales. Además, se incluyen medidas como el endurecimiento del registro horario y el derecho a la desconexión laboral. Un paso adelante, sí, pero insuficiente frente a la voracidad del capital.

Este texto es el resultado de un acuerdo entre el Ministerio de Trabajo y los sindicatos CCOO y UGT, pero ha sido recibido con el rechazo frontal de la patronal CEOE y Cepyme. No nos sorprende: los dueños del capital siempre han luchado por mantenernos sometidos a jornadas extenuantes y salarios de miseria.

¿Qué cambia con la nueva ley?

  1. Menos horas, mismo salario:
    La jornada máxima será de 37,5 horas semanales de promedio anual. Media hora menos al día para quienes trabajan 40 horas. Las horas extras seguirán limitadas a 80 anuales, y las empresas no podrán reducir salarios ni eliminar complementos.
  2. Empleo parcial:
    Los contratos parciales no podrán superar las 37,5 horas. Si lo hacen, se convertirán automáticamente en contratos a tiempo completo con el salario correspondiente.
  3. Registro horario más estricto:
    Las empresas deberán llevar un registro digital accesible para la Inspección de Trabajo. Multas de hasta 10.000 euros por incumplimientos.
  4. Derecho a desconectar:
    Las empresas estarán obligadas a garantizar que los trabajadores no sean contactados fuera de su horario laboral.

Un camino lleno de obstáculos

Aunque el anteproyecto beneficiaría a 12,5 millones de trabajadores, aún debe superar un largo proceso legislativo. PP, Vox y Junts-Puigdemont ya han mostrado su oposición, y la patronal CEOE, liderada por la oligarca Ana Patricia Botín (del Banco Santander), ha lanzado una ofensiva contra la medida.

Botín, cuya entidad batió récords de beneficios en 2024 (12.574 millones de euros), ha criticado la reducción de la jornada y defendido la «menor regulación» al estilo Trump. No nos engañemos: su objetivo es mantenernos explotados mientras ellos acumulan fortunas.

Ganar una batalla, pero no la guerra

La reducción de la jornada es un avance, pero no podemos conformarnos. Mientras los salarios pierden poder adquisitivo y las horas extras no pagadas siguen siendo una realidad, la lucha debe continuar. Según el INE, el 59% de la población ha perdido poder adquisitivo, y el 12% de los trabajadores son pobres.

La verdadera batalla no es solo evitar que nos reduzcan el salario, sino redistribuir la riqueza. Necesitamos salarios dignos, pensiones justas y un sistema que priorice a las personas sobre los beneficios.

Para no olvidar: Las pensiones en peligro

Mientras luchamos por la reducción de la jornada, no podemos olvidar la amenaza que se cierne sobre las pensiones. Bruselas está evaluando la sostenibilidad del sistema público, y un informe de la AIReF podría activar la «cláusula de cierre», lo que significaría recortes adicionales.

Con un desfase estimado de 12.000 millones de euros en el sistema de pensiones, la clase trabajadora debe mantenerse alerta. La lucha por la reducción de la jornada es importante, pero no podemos descuidar otras batallas igual de urgentes.

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