Trump y la Migra: Terror y Explotación en la Era de las Deportaciones Masivas
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A pocas horas de retornar a la Casa Blanca, Donald Trump ha desatado una ofensiva brutal: las deportaciones masivas de migrantes indocumentados. Bajo el manto de la promesa electoral, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) se ha convertido en una fuerza de terror, desplegándose por todo Estados Unidos para detener, separar familias y deportar a miles de trabajadores esenciales. Pero detrás de esta campaña represiva no hay solo xenofobia: hay explotación. Porque se oprime para explotar.
La noche de los cristales rotos
En menos de diez días, más de 13.000 personas han sido detenidas en redadas indiscriminadas. El ICE actúa sin piedad: en casas, trabajos, escuelas, hospitales e incluso iglesias. Madres, padres, niños y adolescentes son arrancados de sus comunidades y embarcados en aviones rumbo a sus países de origen. Para los 11 millones de migrantes indocumentados, esta es una pesadilla represiva. Para el capital estadounidense, es un problema que amenaza su fuente de plusvalía.
Los testimonios son estremecedores. Una madre detenida en un control de carretera mientras llevaba a su hija a la escuela. Niños de 5, 10 o 15 años cazados en sus aulas. Vecinos que observan, entre la estupefacción y la indignación, cómo sus comunidades son destrozadas. «¿Ahora un niño es un criminal?», pregunta una residente de Florida. Pero para la administración Trump, la respuesta es clara: todos los indocumentados son criminales, simplemente por existir.
El impacto económico: explotación y plusvalía
Las deportaciones masivas no solo son un drama humano; son un golpe brutal a la economía estadounidense. Sectores clave como la agricultura, la manufactura y el cuidado de ancianos dependen casi por completo de la mano de obra migrante. Sin ellos, la producción se paraliza. Rebeca Shi, de la American Business Immigration Coalition, advierte: «Los trabajadores esenciales han desaparecido. Las operaciones se han desacelerado en un 50%».
En los campos agrícolas, los jornaleros han huido por miedo a la Migra. Tony DiMare, productor de tomates en California y Florida, lo resume así: «No ha venido nadie a trabajar. Tienen miedo». Y es que, sin los migrantes, el PIB de Estados Unidos podría caer un 4.2%, equivalentes a 1.15 billones de dólares. Una pérdida comparable al PIB de Holanda.
Oprimir para explotar
¿Busca Trump expulsar a los 11 millones de migrantes indocumentados? La respuesta es un doble no. No puede y, sobre todo, no quiere. Al ritmo actual, el ICE tardaría 28 años en deportarlos a todos. Pero el objetivo no es expulsarlos, sino aterrorizarlos. Se trata de crear una subclase obrera migrante, sometida a condiciones aún más precarias, con salarios miserables y derechos nulos.
Como dijo Platón, «mientras la lana no vaya sola a la rueca, serán necesarios los esclavos». Los capitalistas estadounidenses lo saben bien: necesitan mano de obra barata, clandestina y explotable. Las deportaciones masivas son un mecanismo de control, una forma de asegurar que los migrantes sigan siendo una fuente de plusvalía. Se les oprime para explotarlos mejor.
Conclusión: Resistir y organizarse
La política migratoria de Trump no es solo un ataque a los migrantes; es un ataque a la clase trabajadora en su conjunto. Frente a este terror, la resistencia se organiza. Alcaldes como el de Minneapolis se niegan a colaborar con el ICE. Comunidades enteras se movilizan para proteger a sus vecinos. Porque, en última instancia, la lucha contra las deportaciones es una lucha contra la explotación capitalista.