EE.UU. y Rusia venden a Ucrania en Riad

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Ilustración de un tiburón con las banderas de EE.UU. y Rusia en sus aletas, acechando un mapa de Ucrania.

La gran farsa geopolítica se escenifica en Riad. Sin la presencia de Ucrania ni de la Unión Europea, Washington y Moscú negocian el futuro de la guerra. Un pacto entre imperialistas, una componenda donde el país invadido no tiene voz ni voto.

Los dos grandes tiburones del tablero mundial, el secretario de Estado de Trump, Marco Rubio, y el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, se han reunido en Arabia Saudí para definir los términos de la capitulación ucraniana. Con tres fases claras: alto el fuego, elecciones en Ucrania y un «acuerdo de paz» que en realidad sella la entrega de los territorios ocupados a Rusia, sin ninguna garantía de seguridad para el país agredido.

Todo ello bajo la mirada cómplice del régimen saudí. Las delegaciones de Rubio y Lavrov han descongelado las relaciones entre EE.UU. y Rusia en una cumbre donde Europa ha sido degradada al rol de espectadora pasiva. La reacción de Kiev ha sido inmediata: Zelenski ha declarado que no aceptará ningún acuerdo de paz en el que Ucrania no participe. Mientras tanto, los líderes europeos, reunidos en París, divagan sobre el posible envío de «tropas de paz», sin consenso alguno.

Trump: la hoja de ruta de la rendición

El desenlace era previsible desde que Trump recuperó la Casa Blanca. Prometió «acabar con la guerra en una semana» y se prepara para hacerlo a costa de la soberanía ucraniana. Su plan no solo implica forzar a Kiev a aceptar la pérdida de territorio, sino también saquear su riqueza: pretende que las empresas mineras estadounidenses se apropien de los yacimientos de tierras raras ucranianos, cuyo valor cuadruplica la ayuda militar enviada por Washington.

Pero Trump va más allá. Ha declarado que «Ucrania tal vez un día vuelva a ser rusa» y que Zelenski «nunca debió haber comenzado» la guerra. Su discurso revierte los papeles: el invadido se convierte en culpable, el invasor en víctima incomprendida. Un relato que coincide con la propaganda del Kremlin y de sus aliados en Europa, desde la ultraderecha de Alternativa por Alemania hasta ciertos sectores de la izquierda «antiimperialista».

El objetivo es claro: dejar caer a Ucrania y girar la atención hacia otras zonas de interés para la superpotencia. La contención de China en Asia-Pacífico, la expansión en Oriente Medio y, cómo no, la vieja ambición trumpista de anexionarse Groenlandia.

Un pacto peligroso para Europa y el mundo

Si esta componenda detiene la guerra, lo hará a costa de fortalecer el imperialismo ruso y dejar la puerta abierta a futuras invasiones. Putin no se detendrá si ve una oportunidad de seguir avanzando.

La lección es clara: EE.UU. no tiene aliados, solo intereses. Durante dos años, la ayuda militar a Ucrania fue «rentable». Ahora ya no lo es. Washington cambia de estrategia sin miramientos. Ucrania, que un día fue «protegida», hoy es moneda de cambio.

Los tiburones han hablado. Y la paz, una vez más, es la gran ausente.

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